¿Te acuerdas del correo de la semana pasada, ese que hablaba del peluquero?
Aquí estamos frente a una situación parecida porque la perra no se veía en el jardín por ningún lado.
Pero no es mi vecino.
Ni siquiera un conocido.
Es una historia que me contaron.
Que no sé si será verdadera, pero es muy probable.
Era un verano caluroso por demás.
Con decirte que en el campo las lagartijas usaban sombrilla para ir de un lado a otro.
La fecha precisa de la historia es el 30 de enero de 2003, la temperatura máxima registrada en Mendoza estuvo por encima de los 44ºC.
Francisco tiene un jardín en la casa de campo de más de 3100 metros cuadrados, muy bien planificado.
Con rincones apartados, una pérgola, un pequeño estanque con carpas koi y decorado con plantas distribuidas tan bien que te invita a relajar y quedarte a contemplar la vida que allí se desarrolla.
Ese carácter silvestre que le ha dado hace que mariposas y colibríes presenten cada día un espectáculo con danzas de multicolores cuando visitan la gran variedad de flores presentes.
Pero esa tarde de enero, su perra llamada “Pelusa” (una Yorkshire terrier de pelo negro) que está casi ciega y sorda de lo viejita que es, desapareció en ese vergel.
La llamó un par de veces y no había rastro de ella.
Allí tiene muchísimas plantas, no te podría decir cuántas, pero para que te imagines un poco podría resumir que solo habían 250 metros cuadrado de césped.
Todo lo demás eran herbáceas, arbustivas, varias trepadoras y los árboles frutales que tanto aprecia.
Así fue como dijo que la desaparición de Pelusa parecía como si una planta la hubiera abducido.
Y era así, no la encontraba en ninguno de los lugares de costumbre.
Pero no pasó mucho tiempo más hasta que revisando entre los márgenes herbáceos la encontró en un pozo que había hecho para buscar un suelo fresco para su siesta.
Son cosas que pasan.
Mi perra hace lo mismo, una manía que ha adquirido ahora que está también viejita.
Puede que tú no tengas un jardín de 3000 metros cuadrados, de hecho, el mío apenas llega a los 50 y tiene esa concepción de silvestre.
Claudio. El Jardinerista.
PD: Debo reconocer que este estilo de jardín es el que más me gusta, y si eliges convenientemente las plantas, te asegurarás que sea visitado por aves e insectos y terminen siendo un refugio en la ciudad.